Aquella escena de La Chaqueta Metálica en la que el personaje de Matthew Modine habla de la dualidad del hombre cuando alguien le pregunta por el símbolo de la paz que lleva y el mensaje de su casco –el brutal “nacido para matar”- se me vino a la cabeza cuando el hombre arrancó una de las partes mas divertidas, y comprometidas si miraban abajo, de un pase fulgurante y entretenido que dejó con ciertas ganas de más.
La vuelta a la ciudad de Huecco tras su comparecencia el año pasado en el cartel de música del Facyl, se enmarcaba en los conciertos que la Cadena Dial pone en marcha, y no defraudó. Con un setlist corto y al turrón de apenas una hora y poco, llegaba sin banda en solitario, lo que ha anunciado como acústicos salvajes en su gira de los 15, con al apoyo puntual en las bases y en el escenario del gran Tomer Debowski (Viggo Mortensen le va a pillar de doble ya) que cumplió de manera estupenda guardando las espaldas al protagonista, y apuntalando con su hacer el pase.
Con la intro, que buen gusto aunque ya sea un poco manido usar Star Wars, cortísima que empalmó con “La reina de los Angelotes”, ya dejó ver lo que sería el desarrollo del concierto. Su buen uso de la guitarra, en diferentes formatos la de 12 cuerdas la española y la eléctrica por supuesto, y el estado en perfectas condiciones de su voz ( lo vimos en “Amor Suicida” o en la traslación con el solo sin bases de “Tacones Baratos”) y la dupla, lo que les comentaba antes, que forma parte indisoluble de su carrera. Me refiero a su honroso pasado en la parte mas dura de la escena de la que nunca ha renegado, en un gesto que le honra. Solo había que mirar las poses de airguitar eternas, y los solos alargados y metalizados que lució, y que le dan ese toque y ese punch, ya lo hablé en mi crónica para esta casa de esa ultima visita que les decía, tan irresistible que le permita alternar casi con cualquiera en festivales o carteles mas o menos duros.
Por supuesto el paroxismo del asunto llegó cuando se inventó un concurso, que momento amigos, de riffs heavys para que la gente adivinara que era lo que estaba tocando a cambio de un recuerdo en forma de camiseta. Pero claro eso tenía un problema y era que la mayoría de la gente que estaba allí no conocían riffs, ni a los grupos para que engañarnos, de Judas, de Metallica, de Maiden o de los Gunners por no mencionar a Maneskin (que no se conociera esto me descolocó, lo reconozco) mas allá de algunas maravillosas excepciones de paladares mas curtidos en el Rock que poblaban las primeras filas.
Aún así fue un detalle mirarle ejercer cátedra y carnet de Rocknroller por que además puede -ni les cuento si hubiera preguntado que quien conocía a Sugarless. Lo mas probable es que habría tenido que romper el vergonzometro-. Y ni mucho menos eso en opinión del que suscribe tiene que ser necesariamente malo. Simplemente el personal que puebla hoy sus conciertos no está en ellos por aquello. Esta por poder verle ejercer de autor de cosas como un “Lobba” mundial o la puesta en el escenario de “Apache” o “Dame Vida”, y su inclusión del ramoniano “Hey Ho…” con toda la sala cantando. O por saborear un encore que incluye “Mirando al Cielo” y “Pa´mi Guerrera” y el celebérrimo “Se me Olvidó Olvidarte” seguidas de un montón de flashes en forma de pequeños sorbos de canciones, “Cerezas” “ Los Tesoros Imposibles”, llenas de ese sentimiento tan particular que les imprime, y que a un servidor le hizo flotar encima a Manu Chao en muchas partes.
La dualidad, si.
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